Cuando lo que cuenta no es la intención, sino el resultado

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Cuando lo que cuenta no es la intención, sino el resultado

Esta mañana me equivoqué.

Mi esposa me planteo una inquietud. Yo respondí a ella. Y el resultado fue todo lo contrario a lo que yo quería lograr.

Mi intención al responder: ayudarla a sentirse mejor.

El resultado: ella se sintió no escuchada e invalidada.

Como me dijo ella después —luego de que yo fuera a disculparme por mi torpeza comunicacional del momento— yo estaba en modo marciano (esto se refiere a la metáfora del genial libro de John Gray «Los Hombres son de Marte, las Mujeres son de Venus»), y me puse a dar soluciones y a sugerir acciones sin escuchar realmente lo que ella necesitaba compartir, mucho menos empatizar con sus emociones.

Esto me recordó un principio del modelo de comunicación que se estudia en Programación Neuro-Lingüística: el significado de tu comunicación está definido por el resultado que obtienes.

Puedes tener la mejor de las intenciones, pero si el resultado no fue nada constructivo, es esto último lo que determina la calidad de tu comunicación.

Así que cuando tu comunicación enrede las cosas y genere malestar en el otro, no te excuses en tu intención —que seguramente era la mejor— para evadir la responsabilidad que tienes para hacer algo por mejorar la situación.

Es de uno, el que tiene la intención, buscar otras maneras en las que podamos lograr el resultado que buscamos.

Y si te equivocas —como me pasó a mí— ¡corrige rápido! La calidad de tus relaciones depende de ello.

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3 Comments

  1. A mi marido le pasa muy seguido:=)…pero tú Leo por lo menos lo puedes ver y corregirlo…hay algunos hombres que ni lo notan. VER Y CORREGIR puntualmente en éste caso es » me comprometo conmigo y con el otro». Pidamos al cielo que muchos más hombres se comprometan con sus vidas y sus relaciones para vivir plenamente.

    Patricia de Argentina.

  2. Hablando de errores, aquí comparto algo con Ustedes, aunque no es comunicacional hacia terceros sino hacia uno mismo:

    Siempre me he sentido muy satisfecha con el hecho de que a pesar de pertener al extremadamente mal llamado «sexo débil», nunca (ok …. caaaaaasi nunca) necesito de un hombre para las labores que requieran esfuerzo físico. Es, digamos, un punto de honor producto de una larga historia de mi infancia (pero eso lo dejamos para otro día y otro tema :-)

    Hoy sábado, debido a razones de espacio y para reacondicionar el cuarto de mi hijo con un mejor feng-shui, decidí eliminar la cama superior de la litera y mover los muebles. Pues bien, apelé a mi juego de herramientas (sí, tengo uno propio y bien dotado he de decir, para ser de una chica…) y con muuuucho esfuerzo logré desmontar la cama de arriba. El paso 1 estaba listo con bastante sudor y cero lágrimas (afortunadamente, tampoco hubo sangre).

    El paso 2, consistía en desarmar la cama por completo para meterla …. esteeee …. ya vería dónde. Rápidamente y sin darme espacio para el cansancio o la flojera comencé a desatornillar las bisagras (que, por cierto, sí hubiesen requerido fuerza bruta masculina, pero no podía darme por vencida :-) y después de mucho intentarlo, apenas había sacado 4 tornillos. Todavía me esperaban 12!!!

    Mientras uno se me resistía frenéticamente, comencé a batir la madera con cierta frustración, en la espera de que el movimiento aflojara el )/)(«&·&%· tornillo. Cuando de pronto ZUAS!!!!! se me desbarató la pieza porque … nada más y nada menos … el sistema era de ENCAJE! Es decir, no tenía que desatornillar nada, tan solo desencajar unas piezas que hacían del sistema algo sencillo y cómodo para el desarme!

    No sé si me explico en cuanto al sistema, sin embargo, el punto central de toda esta historia es que había una forma sencilla de hacerlo que yo no había siquiera dado tiempo a evaluar!!!

    A veces, me enfrasco (por hablar en primera persona, aunque te invito a evaluar si te ha ocurrido alguna vez también) en resolver algo de una forma rápida y conocida, en vez de tomar unos minutos para evaluar cuáles serían mis opciones y si hay alguna otra manera de lograr el mismo resultado con menor esfuerzo y de forma optimizada.

    ¡Ahí les dejo ese regalo! :-)

    Evelyn.

  3. Me gusta que reflexionen sobre el comportamiento de los demás y busque alternativas para mejorar así su propia vida.

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